La Insoportable Brevedad del Agua.
La necesidad de una Gestión Integrada de los Recursos Hídricos.


Un reciente informe de la CEPAL señala que ciudades populosas de la región andina como Quito, La Paz o Santiago, tendrán serias dificultades en obtener agua para satisfacer las necesidades de sus habitantes y sus actividades económicas.  Aunque con reservas de agua dulce que exceden sus necesidades percápita, los países andinos, cada vez experimentan problemas para abastecer de este líquido vital a sus pobladores, en especial de las áreas urbanas.  Los problemas por los que las ciudades se convierten en deficitarias de agua generalmente están asociados con la presión poblacional y de las actividades económicas. 

Como consecuencia directa de la expansión socioeconómica experimentada en las últimas décadas, ha ocurrido un mayor uso de ecosistemas y áreas naturales clave para la recuperación, captación y conservación del agua.  Ecosistemas importantes para la conservación del agua como los bosques o páramos, son cambiados de uso para convertirse en áreas agrícolas, urbanizaciones o monocultivos. Así, al mismo tiempo que se utiliza el agua con mayor intensidad, lo cual afecta a las existencias de este líquido vital, se están alterando las áreas en las que ocurren sus procesos de recuperación y recolección.  Para empeorar las cosas, como complemento de esos problemas socioeconómicos, existe también uno de carácter institucional: la gestión pública de este recurso, que en la mayoría de los casos, no guardan ya relación con la situación actual.  Un caso de anacronismo en la gestión del agua, ocurre en Ecuador.

La gestión del agua en Ecuador, está orientada primordialmente a administrar su uso a través de las concesiones, mas no a velar la protección y conservación del agua y de los otros recursos y elementos naturales que hacen posible su existencia en condiciones de calidad y cantidad adecuados para usos socioeconómicos.  Tanto la Ley de Aguas como el Concejo Nacional de los Recursos Hídricos, tienen como tarea principal la gestión de las concesiones de agua, dejándose en un segundo plano, la gestión de otros recursos imprescindibles para asegurar las existencias de este elemento, como son los denominados recursos hídricos.

En la legislación e institucionalidad ecuatorianas y aún en la literatura científica y normativas internacionales, se utiliza el término “recursos hídricos”, como sinónimo de agua, con lo cual se ocultan o minimizan ciertos aspectos de la naturaleza que hacen posible que ese recurso cumpla con sus ciclos. Basándose en la noción básica de que el agua fluye  en el circuito constante ríos - mar – evaporación – lluvia – ríos – mar, se evidencia que sus procesos naturales ocurren gracias a una serie de factores o elementos insustituibles.  De esta reflexión se infiere que los distintos estados o formas y ubicación en que el agua se encuentra en la naturaleza y los elementos biológicos, topográficos o ecológicos, que lo hacen posible, constituyen, en conjunto, los recursos hídricos. Consecuentemente, estos recursos estarían compuestos, en un sentido estricto, por los vapores de agua, nubes, lluvias, y nieves; ríos, lagos, mares y océanos; aguas subterráneas; nieves perpetuas de las elevaciones topográficas, superficies congeladas de los polos, entre otros.  En un sentido amplio, los recursos hídricos, a más de los citados serían también ecosistemas o formaciones geológicas y topográficas como bosques, páramos, cuencas, cauces, quebradas, deltas, estuarios y otras formaciones naturales que permiten la mantención, captación o conducción del agua.  En consecuencia, los recursos hídricos abarcan no solamente formaciones naturales de agua en todos sus estados, sino también vegetales, geológicas y topográficas.  Esta concepción de recursos hídricos es inexistente para las políticas y legislación sobre el agua.

  Como ya se mencionó, aunque en leyes o documentos administrativos se utiliza ampliamente el término “recursos hídricos”, en la práctica se refieren solamente al agua.  Esto significa que esos instrumentos de política pública no tienen una visión integral sobre los citados recursos y consecuentemente, se ha administrado al agua de una manera incompleta.

Debido al problema de enfoque anotado, ha sido prácticamente imposible que se realice una gestión eficaz del agua en el Ecuador y otros países de la región.   Para contrarrestar la problemática expuesta, se ha desarrollado una noción de gestión del agua y los recursos asociados, que se denomina “gestión integrada de recursos hídricos”, (GIRH).

En pocas palabras, mediante la técnica de GIRH se propone un manejo socialmente participativo de todos los recursos naturales que directa o indirectamente intervengan en los ciclos del agua, en el contexto de las cuencas hidrográficas. Esto conlleva la participación de los actores públicos, privados y comunitarios que tienen un interés concreto en la gestión o uso del agua y otros recursos naturales como los bosques, páramos, etc.  De esta manera la GIRH busca constituirse en una forma de gestión que integre tanto a las normas jurídicas referidas a los recursos asociados al agua que se han citado, como de los grupos sociales que a ellos se encuentran relacionados.  Es decir las normas para la gestión del agua, del suelo y los bosques, la gestión territorial y la calidad y usos del agua, que tradicionalmente han sido cuerpos aislados y en cuyo ejercicio sus entes de aplicación han actuado con poca coordinación, bajo el concepto de GIRH, deberían ser implementadas de una forma sistemática, coordinada y dirigida a aspectos decididos por un organismo armonizador que determine donde, cómo y cuando actuar con el fin de proteger elementos o procesos naturales críticos para los recursos hídricos.  Por otro lado, los actores sociales vinculados al agua, que tradicionalmente han mantenido una actitud pasiva o ajena a las decisiones de manejo público de este elemento, en este nuevo esquema de gestión, deben integrarse en un mecanismo institucional y tomar parte en las decisiones de manejo en relación al agua y recursos asociados, que se deban aplicar en una cuenca hidrográfica determinada.  Así, la GIRH se convierte en una forma de descentralización, participación social y de cultivo de virtudes cívico democráticas para proteger y usar un elemento natural.

Para aplicar el concepto GIRH, es imprescindible que tanto los grupos sociales involucrados de alguna manera con los recursos hídricos, como las instituciones que regulan y administran dichos recursos, entren en un proceso formal de coordinación.  Esto debe ocurrir en el seno de un ente participativo creado para proponer, discutir y decidir opciones de manejo de cuencas o microcuencas hidrográficas.  En ese ente de gestión deberá concentrarse la información sobre la situación hidrológica, forestal, edafológica, demográfica, socioeconómica y cualquier otro aspecto de la cuenca, que fuera de interés para los recursos hídricos.  Esta información, aportada por los actores socioeconómicos e institucionales participantes, permitirá tomar decisiones colectivas de manejo, en función de toda una cuenca hidrográfica.

Otro aspecto fundamental para implementar el concepto GIRH, es que en el ámbito de la administración pública ocurran formas de coordinación institucional intersubjetiva (entre entidades de gestión de recursos naturales) e intrasubjetiva (internamente entre los distintos niveles administrativos de esas entidades de gestión de recursos).  Esta forma de coordinación debe ser vista como una función administrativa regular y de carácter obligatorio y no como actuaciones voluntarias y ocasionales de información o colaboración, que es como es asumida la coordinación interinstitucional en el Ecuador. 

La incorporación de técnicas de GIRH no solamente contribuirá a la conservación del agua, los bosques, los páramos y las cuencas hidrográficas en general, sino que también será fundamental para evitar el trágico deterioro de las cuencas altas de los ríos, cuya factura ecológica, social y económica es de enormes consecuencias para el país.  Es conocido que la erosión del suelo, los deslaves, las inundaciones y otros problemas que pueden resultar en desastres, son producto, en parte, de la negligencia en la gestión de los recursos hídricos.  Esto se lo está aprendiendo con conmovedores ejemplos en Ecuador, Perú y Bolivia, donde sendos desastres asociados a los recursos hídricos, se encuentran ocurriendo cuando se escriben estas líneas.

Byron Real López
02-29- 2008

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